El tribunal del condado de Suffolk, en Nueva York, dictó este miércoles una sentencia histórica contra Rex Heuermann, el arquitecto neoyorquino identificado como el responsable de la muerte de ocho mujeres a lo largo de casi dos décadas. El juez Timothy Mazzei condenó al hombre de 62 años a tres cadenas perpetuas sin posibilidad de libertad condicional, sumadas a 100 años adicionales de prisión. Esta resolución pone fin a uno de los misterios criminales más perturbadores en la historia del estado, un caso que permaneció marcado por la impunidad durante treinta años hasta ser resuelto mediante una pista forense inusual: el ADN encontrado en una caja de pizza desechada.
La corteza de pizza y la doble vida
Rex Heuermann, quien operaba su propio estudio de arquitectura en Midtown Manhattan mientras residía en Massapequa Park, enfrentó finalmente a la justicia por los crímenes cometidos entre 1993 y 2010. La investigación logró un avance crucial al recuperar una corteza de pizza tirada en un basurero frente a su oficina en la Quinta Avenida. El material genético obtenido coincidió con el ADN hallado en los cabellos degradados que envolvían los restos de las víctimas, vinculándolo directamente a las escenas del crimen.
El arquitecto utilizaba una doble vida meticulosamente construida para ocultar su naturaleza violenta. Según la fiscalía, Heuermann contactaba a sus víctimas mediante anuncios en internet y teléfonos desechables, mientras redactaba manuales digitales sobre cómo deshacerse de los cuerpos sin dejar rastro. Su esposa e hijos vivían fuera del alcance de estas actividades criminales durante el tiempo que él permanecía lejos de casa, indicó Pulso Andino.
Impunidad rota tras la creación de un grupo especial
A pesar de las sospechas iniciales, el caso se estancó por más de una década. El giro definitivo llegó en 2022 con la formación de un grupo de trabajo que integró agencias locales y federales bajo nuevo liderazgo. Este equipo retomó pistas antiguas, incluyendo información sobre una camioneta Chevrolet Avalanche vinculada a una de las víctimas, lo permitió centrar la vigilancia en Heuermann.
Durante la audiencia en Riverhead, el acusado se mostró impasible ante los cargos que incluían los asesinatos de Melissa Barthelemy, Megan Waterman, Amber Costello, Maureen Brainard-Barnes, Jessica Taylor, Valerie Mack, Sandra Costilla y Karen Vergata. Heuermann admitió haber estrangulado a sus víctimas antes de abandonar sus restos en las zonas remotas de Gilgo Beach, según Correo.
Indignación judicial e impacto en las familias
El juez Mazzei no ocultó su repulsa hacia el sentenciado, increpándolo directamente: “Es usted un hombre asqueroso, despreciable y pequeño, y es un cobarde”. La defensa de Heuermann argumentó que la confesión buscaba evitar a su familia el trauma de un juicio público. Sin embargo, John Ray, abogado de las familias de las víctimas, señaló que no había ni una pizca de remordimiento en el rostro del acusado.
Los familiares de las fallecidas presentaron declaraciones emocionales describiendo la pérdida irreparable y criticando la lentitud inicial de las autoridades. La audiencia concluyó con vítores cuando Mazzei ordenó retirar al asesino para ser trasladado a una prisión estatal, donde pasará el resto de sus días en segregación. Como parte del acuerdo, Heuermann cooperará con la unidad de análisis conductual del FBI.