La palidez, el cansancio, la irritabilidad y la falta de apetito pueden confundirse con cambios habituales en la infancia, pero también son indicadores clave de anemia. Esta condición se produce cuando la concentración de hemoglobina en sangre desciende por debajo de los valores establecidos para la edad del niño. La deficiencia de hierro es una causa frecuente, aunque no la única; infecciones y enfermedades crónicas también pueden influir. Ante cualquier sospecha persistente, el Ministerio de Salud (MINSA) recomienda acudir a un profesional de salud para confirmar el diagnóstico mediante medición oficial.
Prevalencia nacional según criterios diagnósticos
Los resultados de la Encuesta Demográfica y de Salud Familiar (ENDES) 2025 muestran dos estimaciones oficiales dependiendo del criterio aplicado. Bajo la Resolución Ministerial RM 363-2022-MINSA, el 43,4% de los niños de 6 a 35 meses presentó anemia en 2025, frente al 43,7% registrado en 2024. En áreas rurales, la cifra alcanzó el 50,4%, mientras que en zonas urbanas fue del 40,5%. Al aplicar la directriz de la OMS de 2024 (RM 251-2024-MINSA), la prevalencia nacional se situó en el 34,9%.
Diagnóstico y alimentación preventiva
Ningún síntoma permite confirmar anemia sin evaluación profesional. El diagnóstico requiere medir hemoglobina con puntos de corte específicos según edad y altitud. Nilda Castillo, especialista del Instituto de Nutrición y Seguridad Alimentaria (INSA), señala que la deficiencia de hierro afecta el desarrollo cognitivo y motor infantil. Para prevenirlo, se recomienda incorporar alimentos ricos en hierro desde los seis meses: sangrecita, hígado, pescado y carnes, según informamos en Atrofia muscular espinal en niños.
Recomendaciones nutricionales clave
- Acompañar fuentes de hierro con vitamina C (naranja, tomate) mejora la absorción.
- Evitar té o café junto a las comidas, ya que reducen la captación del nutriente.
- Limitar productos ultraprocesados y asegurar una alimentación complementaria variada.