La recuperación económica postpandemia en Perú ha sido asimétrica. Mientras otros sectores laborales muestran signos de reactivación, el mercado para los jóvenes se estanca. Según datos del Instituto Peruano de Economía (IPE), liderado por María Ormeño, la tasa de empleo juvenil es actualmente la única que no ha regresado a las cifras registradas antes de la crisis sanitaria global.
Esta situación refleja una brecha estructural profunda en el mercado laboral peruano. La combinación de alta informalidad, deficiencias educativas y un aumento significativo en la población "ninis" (jóvenes que ni estudian ni trabajan) ha creado un escenario crítico para las generaciones nacidas entre 1995 y 2004.
La brecha de género en el empleo juvenil
Dentro de esta crisis generalizada, existe una dimensión particularmente preocupante: la desigualdad de género. Los datos del IPE señalan que las mujeres jóvenes son las más afectadas por este estancamiento laboral.
María Ormeño, economista principal del instituto, ha destacado en sus análisis cómo los factores estructurales golpean con mayor fuerza a las chicas y jóvenes mujeres. La carga de cuidados no remunerados, sumada a la falta de oportunidades formales que ofrezcan estabilidad horaria, limita su inserción plena en el mercado laboral.
Esta disparidad no es solo numérica; representa una pérdida potencial del capital humano femenino en un país donde la participación femenina ya presenta retos históricos. La recuperación económica actual parece estar dejando atrás a las mujeres jóvenes, consolidando ciclos de pobreza y dependencia que serán difíciles de romper sin intervenciones específicas.
El peso de la informalidad estructural
La economía peruana se caracteriza por un alto nivel de informalidad laboral. Para los jóvenes, esto significa que acceder a un empleo formal es una excepción y no la regla. La mayoría de las oportunidades disponibles recae en el sector secundario o terciario con baja productividad.
Esta realidad afecta directamente la calidad del empleo. Sin acceso a seguridad social, pensiones ni créditos formales, los jóvenes carecen de redes de protección ante shocks económicos futuros. La informalidad actúa como un techo de cristal que impide el ascenso social y la acumulación de patrimonio, más contexto en El Niño Severo: Principal Riesgo Externo para la Construcción en Perú.
Los datos sugieren que esta dinámica se ha vuelto crónica desde 2019, antes incluso del pico pandémico, pero fue exacerbada por las medidas sanitarias. La reconversión económica no logró generar puestos formales suficientes para absorber a los nuevos ingresos al mercado laboral.
Desconexión educativa y el fenómeno de los 'ninis'
Otro pilar fundamental de esta crisis es la desconexión entre el sistema educativo y las demandas del mercado, sumado a un aumento en la población "ninis". La falta de habilidades técnicas y blandas adecuadas dificulta que los jóvenes logren insertarse laboral o académicamente.
El término 'ninis' se refiere a aquellos jóvenes que ni estudian ni trabajan. En Perú, esta cifra ha mostrado tendencias al alza en las últimas décadas, especialmente en zonas rurales y áreas urbanas marginales. La falta de acceso a educación técnica de calidad y la brecha digital post-pandemia han agravado este fenómeno.
La pérdida de estos jóvenes representa un costo económico enorme para el país. Al no participar ni en la formación educativa ni en la producción económica, se reduce la fuerza laboral futura y aumenta la presión sobre los sistemas de protección social estatal a largo plazo.