Dos figuras de derecha al frente de una contienda fragmentada
La carrera por la presidencia de Perú se enciende con fuerza a poco más de un mes de las elecciones del 13 de abril, y dos nombres conocidos del espectro político de derecha dominan las encuestas: Keiko Fujimori, hija del expresidente encarcelado Alberto Fujimori, y Rafael López Aliaga, exalcalde de Lima. Sin embargo, la verdadera protagonista de esta contienda electoral es la indecisión masiva del electorado peruano.
Según una encuesta reciente difundida por Reuters, ambos candidatos lideran las intenciones de voto, pero con cifras que están lejos de ser contundentes. La fragmentación política y el descontento generalizado con la clase dirigente del país hacen que la mayoría de los votantes aún no defina su preferencia, lo que mantiene abierta una elección que promete sorpresas hasta el último minuto.
Las cifras que reflejan un país dividido y escéptico
Keiko Fujimori, quien lidera el partido Fuerza Popular y busca la presidencia por cuarta vez en su carrera política, aparece en los primeros lugares de las encuestas con un porcentaje que, si bien la posiciona al frente, dista mucho de representar una mayoría clara. Su nombre sigue siendo uno de los más reconocidos en la política peruana, tanto por el legado de su padre como por sus propios intentos previos por alcanzar el sillón presidencial.
Por su parte, Rafael López Aliaga, del partido Renovación Popular, aprovecha su perfil como empresario y su gestión al frente de la alcaldía de Lima para posicionarse como la otra gran alternativa de derecha. Su discurso conservador y su enfoque en la seguridad ciudadana resuenan en un electorado golpeado por la criminalidad creciente en el país.
No obstante, lo más llamativo de los sondeos es que el porcentaje de ciudadanos indecisos o que manifiestan intención de votar en blanco supera con creces a cualquiera de los candidatos individuales. Esta cifra refleja una profunda crisis de representación política en Perú, donde la confianza en las instituciones y en los líderes políticos se encuentra en mínimos históricos.
Un contexto político marcado por la inestabilidad y la desconfianza
Perú arrastra años de turbulencia política que han erosionado la credibilidad de prácticamente toda su clase dirigente. En los últimos años, el país ha visto desfilar múltiples presidentes, enfrentado crisis institucionales, protestas masivas y escándalos de corrupción que han dejado a la ciudadanía exhausta y profundamente desconfiada.
La candidatura de Keiko Fujimori carga con el peso de los procesos judiciales que ha enfrentado por presunto lavado de activos, aunque ella ha negado reiteradamente las acusaciones. Su padre, Alberto Fujimori, gobernó el país entre 1990 y 2000 y fue condenado por violaciones a los derechos humanos y corrupción, un legado que genera tanto lealtad ferviente como rechazo visceral entre los peruanos.
López Aliaga, por su lado, busca capitalizar el hartazgo ciudadano con propuestas de mano dura contra la delincuencia y un enfoque marcadamente conservador en temas sociales. Su paso por la alcaldía de Lima le otorga visibilidad, aunque también ha sido blanco de críticas por su gestión y sus declaraciones polémicas.
La batalla por conquistar al electorado indeciso
Con la mayoría de los peruanos sin definir su voto, las próximas semanas serán cruciales para ambos candidatos y para el resto de contendientes que buscan dar la sorpresa. La experiencia electoral peruana ha demostrado que las encuestas pueden cambiar drásticamente en las jornadas previas a los comicios, y que candidatos aparentemente rezagados pueden irrumpir con fuerza en el tramo final.
El desafío para Fujimori y López Aliaga no es solo mantener su ventaja relativa, sino lograr conectar con ese enorme bloque de ciudadanos que hoy no se siente representado por ninguna opción. En un país donde el voto es obligatorio, la posibilidad de una alta tasa de votos nulos o en blanco podría condicionar significativamente el resultado final.
La elección del 13 de abril no solo definirá quién gobernará Perú, sino que medirá la profundidad de la crisis de confianza entre los ciudadanos y su sistema político.
¿Qué está en juego para Perú?
Más allá de los nombres y las cifras, estas elecciones representan una encrucijada para un país que necesita urgentemente estabilidad política y económica. La inseguridad ciudadana, la desaceleración económica, la informalidad laboral y los desafíos en salud y educación son apenas algunos de los problemas que el próximo presidente deberá enfrentar desde el primer día.
El hecho de que dos candidatos de derecha lideren las encuestas sugiere un giro ideológico en las preferencias del electorado, especialmente después del gobierno de Pedro Castillo, de tendencia izquierdista, que terminó de manera abrupta tras su intento de disolver el Congreso en diciembre de 2022. La actual presidenta Dina Boluarte, quien asumió el cargo tras la destitución de Castillo, registra niveles de aprobación extremadamente bajos, lo que complica aún más el panorama para cualquier candidato asociado al oficialismo.
Con más de un mes por delante, la carrera presidencial peruana está lejos de estar definida. La fragmentación del voto, la indecisión masiva y la volatilidad histórica de las encuestas en el país andino garantizan que esta elección mantendrá al continente en vilo hasta que se cuente el último voto.